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jueves, julio 10, 2008



La historia de mi amigo Manuel

La historia que a continuación lanzo a la palestra no tiene desperdicio alguno y si a alguien le llega como me llegó a mi cuando me la narraron es que un bicho (el tamaño es lo de menos, pues crece con el tiempo) le revolotea y le merodea el laberinto preciosista que comparte las paredes con las vísceras digestivas del cuerpo humano: el aparato afectivo. La historia es real y seguro que algunos de los que leáis ésto os sentiréis identificados.
Todo es resultado de un principio y en ese principio se hallaba un amigo mío en su época adolescente; remontado a la edad de las espinillas y del pavo, Manuel tenía un grupo de amigos y amigas muy grande pero no pareja. Lo cierto es que eran muy avispados en estos temas pero a él no le había surgido nada con ninguna de ellas. Un día estando en la puerta de su casa vio como en una casa frente por frente a la suya se había mudado una familia y vio como salía una muchacha joven pero algo mayor que él, no le llamó la atención más que lo normal pues era novedosa por el lugar pero sin embargo al fondo tras la oscuridad de la puerta pudo ver como se vio a otra chica más de su edad se asomaba y dejaba entrever el paraíso de la belleza en estado puro. Manuel que miraba atónito como podía a lo lejos se enamoró perdidamente en el instante. Ahí comenzó el sufrimiento de buscarla y esperarla horas sentado en su portal de casa comiéndose las horas sin premio alguno y con la esperanza de verla. Cuando por fin sale de casa con su hermana, él se arrima e intenta camelarla pero su hermana le echaba el freno; ella, que pensaba que quería algo con ella misma, le dijo:
-Vete y no seas más pesado, anda, que no voy a salir contigo.
Pero Manuel le dejó claro que la que le gustaba era su hermana ante la risa tímida de la pretendida que activaba el aparato afectivo de mi amigo, pero nada cambió. Un día que ellas iban al cine hasta se adelantó para pagarles la entrada a las dos ante el consguiente sermón y ser tachado de pesado para luego acabar sentados ambos a cada lado de la hermana mayor mientras comían palomitas que Manuel caballerosamente les ofreció.
Me decía el hombre:
-David, yo me sentía fatal así, pero, ¿qué le iba a hacer?, es lo que había...
Pasó el tiempo y, a duras penas, consiguió salir con ella a solas y todo empezó a ir bien. Un día que Manuel decidió irse de parranda con algunos amigos, a ella le sentó muy mal. Tanto que fueron dejándolo porque ella, también con mucha cabezonería, se sentía rechazada.
Ya habiéndolo dejado con ella, estando con su grupo de amigos, aparece otro amigo de Manuel, que no era de este grupo, después de mucho sin verse le saluda y al lado, por simple oportunismo, tenía a la que a día de hoy es su mujer y en aquellos tiempo era solo una amiga. Tras saludarlo le dice:
-Mira Luis, te presento a mi novia.
Claro, la chica que era una amiga del grupo reaccionó atónita y le respondió:
-Pero, ¿tú de qué vas?.
En definitiva, el amigo se fue y ellos siguieron hablando y él le seguía diciendo medio en broma medio en serio:
-Entonces qué, ¿vamos por ahí a tomar algo?.
-Vamos a ver, que yo no quiero nada contigo.
Él me decía:
-Mira David, yo estaba enamorado de la otra pero además de una forma alocada y como comprenderás a mi la que hoy es mi mujer no me llenaba más que de ser una simple amiga del grupo pero un día: !zás! aceptó salir conmigo a solas y con el tiempo nos fuimos haciendo un cariño y ya ves, hoy es mi mujer y la quiero con locura, además que se lo digo y nosotros se lo decimos a nuestros hijos y se lo recordamos muchas veces. Para que veas como es la vida que encima que todo empezó como empezó sin chispa de por medio y hoy sigamos, 26 años después de casado, enamorados mutuamente. Otros me dicen que no quieren a su mujer como antes, pero yo sí. Y quería hacerte ver que la vida es muy caprichosa con lo que nos ocurre porque estando yo como estaba, coladito por los huesos de aquella muchacha que vi en aquella puerta, ¿quién iba a decirme a mi que la mujer de mi vida iba a llenarme poco a poco, día a día y no al 100% como aquella moza que siempre estaba con su hermana?.
Todavía hoy, David, cuando me acuerdo de ella me entran mariposas en la barriga, pero yo no me arrepiento de que no siguiera pa´lante la cosa porque quiero a mi mujer. Por eso, si lo que hay son tonterías de ir conociéndose, lucha.

Espero que os haya hecho reflexionar.

6 comentarios:

Trini dijo...

Es que no hay nada más raro ni curioso ni extraordinario, que el amor...O, somos nosotros los raros, extraordinarios y curiosos?...

Un abrazo

David dijo...

El amor es extraordinario...nosotros, los curiosos.
Un saludo, Trini y enhorabuena por tu recital.

Loles dijo...

Muy bonita historia David y me la creo a pies juntillas…ha beses Cupido tira a boleo y da donde no debe, y eso le paso a Manuel.
Le dio la flechita dichosa, le hizo daño, porque esa herida, no se cura tan fácil, es la ilusión de la juventud, que no se puede negar es muy bonita…pero el verdadero amor es el que va naciendo poco a poco al conocer a la persona, con sus virtudes y defectos.

Un saludo

David dijo...

Muy cierto, yo ya desde mi "juventud" percibo que es así y si este amigo me dice ésto que le pasó, más aún. Los flechazos son más físicos, el amor es cosa de adentro.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Aún hoy me pregunto si tengo que ver algo en este relato, no lo sé. Intención o coincidencia?.

Yo creo en el amor de día a día y en los flechazos que pasan a convertirse en amor de día a día, pero sea cual sea el caso, necesito sentir las mariposas del amor en el estómago.

David dijo...

Bueno, fue la época que pasó lo que pasó, pero es muy diferente, lo que quiero hacer ver es el mensaje principal y claro que hay sentir mariposas, de eso se trata al fin y al cabo.
Y la historia es completamente real.