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sábado, mayo 17, 2008


Tiempos de dopaje

Cuando a una madre le dicen o se entera y presencia que un hijo anda saliendo con las drogas qué pena más grande debe tener esa persona. Seguramente viene a ser que el drogadicto es un desgraciado de la vida que ha llegado ahí por las malas amistades y llega un momento que dentro de sus intenciones está, aunque casi apagada, la idea de salir del vicio. Muchos caen en el intento, otros los consiguen, pero el camino es durísimo. Pero si dentro de una persona descuidada, poco aseada y carente casi de educación esto ocurre hay gente que no se extraña sobremanera.
Me viene a la mente de forma súbita, un recuerdo entre el sudor pegajoso en el cuerpo en pleno mes de julio haciéndole cosquillas al de agosto para pasarle el relevo ardiendo con el ventilador vigilando a la izquierda, al centro y a la derecha (que no hablo de política, pillines) del salón mientras yo tumbado en el sofá con mi padre en una silla que está cerca de la televisión nos comemos la programación: es el Tour de Francia, pero no un Tour cualquiera, no, sino el del navarro Miguel Induráin, casi nada, con los comentarios del gran Pedro González, fallecido ya hace bastantes años. Aquellas calurosas tardes del verano que enganchaban a muchísima gente en España ansiosas de ver espectáculo puro con las calles a rebozar de gente que animaba a unos rayos fugaces que les cruzaban la vista mientras los demás nos solidarizábamos con los ciclistas pobrecitos ellos que si nosotros estábamos sufriendo estas calores con el fresquito revoloteándonos las orejas, cómo deberían estar ellos...
Tendría yo unos 9 años cuando ganó su primer Tour, fue él quien nos enganchó a esto de la bicicleta, como Alonso hace lo propio hoy día en la F1 con los españoles. Me parecía increíble la fuerza de este ciclista. Pero aquello era distinto al deporte del motor pues la naturaleza estaba de por medio, esas condiciones medioambientales que a veces nos ponían los vellos como escarpias, siempre atentos hasta en las etapas llanas que ganaba "il bello" Cipollini o el tetuón Erik Zabel de ver si se encontraba en la téte de la course. Además Miguel, por su forma de ser tranquila, pavisosa, amable, humilde, siempre quedaba más grande. Solía dejar ganar etapas a compañeros de escapada (él no se escapaba, le subían solo las piernas) que podría lucharlas al sprint sólo porque se conformaba con seguir con el maillot amarillo, no atacaba apenas, (y yo pienso que
era más porque él no quería hacer daño a nadie ni pecar de avaricioso o ambicioso que por cansancio) sentadito se subía los puertos como el que tranquilamente se come un paquete de pipas. Sacó de quicio incluso al tío más nervioso e insistente, al mejor que he visto en mi vida subiendo un puerto: Marco Pantani (Q.E.P.D) Batió registros de records de la hora, ganó mundiales tanto en ruta como en contrarreloj. Tenía el tio una caravana de feria llena de peluches del león que daban a los que diariamente se alzaban con el maillot amarillo. Era especial. Yo no he conocido a todos los deportistas que han existido en España, pero sin ser mi deporte preferido, creo, sin necesidad de documentarme al máximo, que justamente Miguel es el mejor deportista español de todos los tiempos. Además, pensándolo friamente, es durísimo este deporte porque dudo que Alonso o Gasol (al que también admiro) sufra lo que sufren los ciclistas. El día que Induráin dio ese comunicado en el que nos decía adios y gracias, me emocioné. Es más, la primera vez lo vería en Tv pero al día siguiente, al leerlo en el periódico, recuerdo incluso el momento a la perfección, y me pregunte: ¿quién sería el listo ahora que con la bandera roja y gualda a cuestas nos representara en la élite del ciclismo?
Ahora bien, ¿qué ha pasado con el ciclismo? El dopaje ha empañado la figura de muchos deportistas, ya no sólo ciclistas, pero aquí es que se ha generalizado y salen dopados como gente de un supermercado. Es increíble pensar que Bjarne Rijs estaba dopado mientras se codeaba con nuestro Miguelón con ese inconfundible maillot de campeón nacional danés en la espalda que casi siempre ganaba. O más increíble pensar que detrás de esa cara de buena persona, un gran escalador que se quedó a medio camino de triunfar como es Roberto Heras, pudiese estarlo. Y qué me dicen de Jan Ullrich, siempre implicado en escándalos de este tema. Estamos hablando del rival de los rivales, de una de las moscas puñeteras tanto de Induráin como del grandísimo Lance Armstrong. Sospechas hacia el propio Lance, rumores (ignoro si confirmados) de que si las muertes del "Chava" Jiménez o "il pirata" Marco Pantani tenían relación con drogas y otros casos de dopados todos sancionados. Incluso de Miguel se ha llegado a sospechar por ahí, pero quiero pensar que no, entre otras cosas porque a ningun dopado creo que le dé el pedazo de pájara que le dio subiendo y sufriendo uno de los puertos especiales del Tour, Les Arcs, para así difuminar completamente la ilusión de
vencer su 6º Tour consecutivo. Soy de los que piensan que cuando el río suena agua lleva, aunque el periodismo de este país deje mucho que desear, pero sean o no dopados, mi repulsa total va hacia el dopaje en el deporte. El deporte es eso, deporte, salud, sin nada de por medio, si la competición exige mejores marcas, que sea la naturaleza la que se encargue de alterarlas, pero no la distorsión de un anabolizante. Que las cuestas de la vida se suben con el oxígeno puro que nos dan las horas de entrenamientos, con la fuerza de las piernas que son las mismas que debieran darle una patada a estas drogas. Además, este deporte es quizá el mejor para decir que, como dicen esos insistentes anuncios de la Dirección General de Tráfico en la radio, lo importante es llegar más que ganar, porque vencer sólo lo hace uno, pero llegar llegan pocos después de 21 etapas casi diarias de más de 200 km la mayoría.Y si esto es un repecho o un puerto de 4ª categoría, que se llegue ya a la cima que el ciclismo está en horas bajas, que el Giro de Italia está disputándose y las televisiones desdeñan este gran acontecimiento. El mismo que tiene el Mortirolo. El mismo que Miguel ganó en dos ocasiones. El que tele 5 televisaba cuando todo esto era dinero para sus arcas y limpieza para los nombres de los ciclistas.
A mí también se me han quitado muchas ganas de ver ciclismo, antes incluso salía algo con la bicicleta.
A veces me pregunto qué les dirán estos ciclistas sancionados (supuestamente sanos, aseados, educados,...) a sus padres, amigos y gente cercana cuando ellos les pregunten si de verdad se han dopado.