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domingo, marzo 02, 2008



Por los clavos de Cristo


Adivinar su triste fragancia, el aroma de los tiempos donde el cuerpo dio paso al espíritu, el incienso del alto monte donde tanto dolor lo desciende a lo bajo. Adivinar las notas que dan vida al culto por la muerte de un Dios. Comprender su vida, hacerla nuestra. Cargar la cruz de nuestros problemas durante 9 días concentrados de lo que dura un año. Pasar del dolor a la resurrección en un santiamén. La promesa bajo la túnica sagrada del nazareno descalzo, el arrastre de sus pies, los ojos salpicados. El baile de la llama de su cirio pascual encendido recordando el camino que desemboca en Él. La oración que se multiplica, el silencio omnipresente que calla incluso a los más osados. Y en el fondo, allí en el semi-abierto balcón de forja sangra la garganta una pasional saeta y no es precisamente la calidad de la saeta lo que adquiere protagonismo, sino la belleza de cantarla, de ofrecerse al Señor y a la Virgen María, de ponerse a sus pies mientras el viento haga llevar susurros de neblina de agua bendita a los oidos de las sagradas imágenes que parece que escuchan. Incluso un callo es bonito en una saeta, una voz fea para el cantar embellece cualquier noche de la Semana Grande católica. Lo que importa es su significado, su mensaje, lanzarse a nuestro redentor como el que se lanza al río Jordán en busca de un bautismo particular. Es, al fin y al cabo, pedir cita con nuestro Dios para conversar cara a cara con Él por medio de un canto plagado de quejidos, piropos, ofrendas y promesas. Es tocar la gloria sin subir a ella. Un privilegio de algunos, una gran satisfacción ante tanto martirio que les dibuja la media luna de la palma que atavían los barrotes. El llamador deshace este vapor para anunciar que los costales piden dar un paseo a su Virgen de los Dolores y al terciopelo bordado con oros ante el tacto entregado de sus discípulos callejeros. La llamada que toca el cielo; cornetas, trompetas, timbales, cajas, trombones, clarinetes, tubas,obóe... todos ponen música a la vida de Jesús hecho hombre. Aquí nadie va disfrazado. El escaparate de colores que se alterna durante toda la Semana Santa va dando a parar al negro que todo lo ocupa, el mismo que prohibe música pues caído pasean a Jesús. Ante tanta tristeza resucitó al tercer día, no obstante, subiría a donde hoy ofrece al mundo su amparo (no nos engañemos, la inmensa mayoría de los males de esta vida los causa el hombre) y nos envió con sus albas alas el áureo de su omnipotente protección.
Que empieze la Semana Santa, que las calles quieren ver a sus estrellas, que pase ya la cruz de guía la vuelta de la esquina, que baile la procesión, que le lancen pétalos de rosas,que se escuche el esparto prolongar el andar, que le digan guapa a la Virgen y olé a la pasión de los costaleros y que se admiren a los penitentes emocionados.
Bienvenida sea la vida de Dios y todo su triste esplendor hermoso. Amén.

2 comentarios:

Maria dijo...

Muy bonito Deivi.

A mi me encanta la semana santa. Los olores, las luces, los silencios, y las obras de arte en movimiento....

Ya está aquí.

Bss

David dijo...

si, ya está aquí, sobre todo eso, que queda casi un mes...jeje, no sé por qué pero me he adelantao...en fin.
Me gusta que te guste, es todo un gusto la semana santa.
Un saludo.