Al dulce son de la pandereta
Era una esfera roja que reflejaba el rostro de niño graciosamente deformado que miraba entusiasmado como el que mira la Navidad representada en ese esbelto y copado árbol que manifestaba de forma natural (aunque el artificial vaya ganando la partida...) los sentimientos de las personas en estas fechas tan señaladas. Allí se podían ver tantos adornos y atavíos como el que todos tenemos en nuestro interior e intentamos mejorarlo; una vez una esfera, otra vez una estrella, luego una risueña figura del rojo Papá Noel que parió la Coca-Cola para uno de sus interminables anuncios publicitarios, de mayor tamaño ésto o por el contrario de menor tamaño lo otro pero siempre aceptando que el árbol de Navidad tiene de nosotros más de lo que creemos. Dicen que este árbol tiene su origen en un intento de plasmar la visión que tuvo el fundador de la iglesia protestante, Martin Luther King, en una noche víspera navideña paseando por el bosque, pues vio como un resplandor fulgoroso brotaba de entre otros árboles, por eso, cuando todos nos reunimos para formarlo y moldearlo a nuestro gusto parecemos dispuestos a revivir aquel hecho sin saber siquiera esta historia pues, ¿quién no busca luz entre un objeto que ocupa un vacío tan grande durante todo el año siendo un simple rincón de la casa desnudo y que cuando llega diciembre se convierte en foco de atención?
Los portales de las casas se engalanan con coronas recordándonos que en esa casa la esperanza tiene un sitio de primera clase como puertas que esperan ser abiertas. Más allá, cerca de la puerta, aunque más tímida y empañada de húmeda gloria invernal se ríe la ventana ataviada de alegrías que anuncian la presencia de una familia que mira horizontes constructivos.
El espíritu de la Navidad no nació hasta el año 345 tras el nacimiento de la era cristiana pero la intensidad con la que se viven estas fechas no decae y, además de para encontrar el significado religioso que ignoramos los menos puestos, sirve, también, para encontrarnos a nosotros mismos y fortalecer los lazos familiares. El misterio de la estrella de Belén nos recuerda que celebramos el nacimiento del niño Dios y enternece hasta al más profundo de los ateos, por admirarlo, admiramos al tio cagando y buscamos un lugar donde aislarlo de la vereda por la que caminan con cargas considerables de regalos, los inmortales camellos de los 3 reyes magos que se dirigen a Belén.
A mi, queridos asiduos del blog, me encanta la navidad, porque es un agujero negro focal de recuerdos que nos sitúan en años de juguetes, porque es tan triste como hermosa, es tan fría como caliente y tan significativa que dá música, y lo que arrastra música, estalla notas de sentimientos que vienen a ser como estrellas fugaces, que aparecen y que desaparecen, para volver a aparecer con otra luz, otro año más.
FELIZ NAVIDAD A TODOS, DE CORAZÓN.



